miércoles, 21 de noviembre de 2012

Puedo escribir textos que interesen a las personas que no juegan a un juego convenido. Si se tratase de establecer contacto con las demás personas, habría que hacer ver que se jugaba como ellas, guardándose, de todas maneras, de estar ni un solo instante en la convención. En suma, yo procuro no estar nunca en la convención cuando pinto, y en la medida de lo posible cuando no pinto, parece que juego a un juego convenido: pintar, por ejemplo, o vivir en una casa, comer a las horas que fija la sensatez, etc. Tal vez porque ciertas convenciones no son estúpidas, pero tampoco son convenciones fastidiosas. Mas es cierto que, pese a su apariencia convencional, mis cuadros siempre parecen cuadros, sin responder, creo yo, a lo que los tratados de estética definen como tales.

Carta a M. Dors y M. Rapin. 15 de marzo de 1956

martes, 6 de marzo de 2012

Lucas, sus largas marchas

Todo el mundo sabe que la Tierra está separada de los otros astros por una cantidad variable de años luz. Lo que pocos saben (en realidad, solamente yo) es que Margarita está separada de mí por una cantidad considerable de años caracol.

Al principio pensé que se trataba de años tortuga, pero he tenido que abandonar esa unidad de medida demasiado halagadora. Por poco que camine una tortuga, yo hubiera terminado por llegar a Margarita, pero en cambio Osvaldo, mi caracol preferido, no me deja la menor esperanza. Vaya a saber cuando se inici o la marcha que lo fue distanciando imperceptiblemente de mi zapato izquierdo, luego que lo hube orientado con extrema precisión hacia el tumbo que lo llevara a Margarita. Repleto de lechuga fresca, cuidado y atendido amorosamente, su primer avance fue promisorio, y me dije esperanzadamente que antes de que el pino del patio sobrepasara la altura del tejado, los plateados cuernos de Osvaldo entrarían en el campo visual de Margarita pare llevarle mi mensaje simpático; entretanto, desde aquí podía ser feliz imaginando su alegría al verlo llegar, la agitación de sus trenzas y sus brazos.

Tal vez los años luz son todos iguales, pero no los años caracol, y Osvaldo ha cesado de merecer mi confianza. No es que se detenga, pues me ha sido posible verificar por su huella argentada que prosigue su marcha y que mantiene la buena dirección, aunque esto suponga pare el subir y bajar incontables paredes o atravesar íntegramente una f ábrica de fideos. Pero más me cuesta a mí comprobar esa meritoria exactitud, y dos veces he sido arrestado por guardianes enfurecidos a quienes he tenido que decir las peores mentiras puesto que la verdad me hubiera valido una lluvia de trompadas. Lo triste es que Margarita, sentada en su sillón de terciopelo tosa, me espera del otro lado de la ciudad. Si en vez de Osvaldo yo me hubiera servido de los años luz, ya tendríamos nietos; pero cuando se ama largo y dulcemente, cuando se quiere llegar al termino de una paulatina esperanza, es lógico que se elijan los años caracol. Es tan difícil, después de todo, decidir cuales son las ventajas y cuales los inconvenientes de estas opciones.

CORTÁZAR

viernes, 13 de enero de 2012

62/


Cierto, esta fue quizá la semana de las imprudencias, de las ideas que caen así, por cuestiones de azar.

Y las cumplí; fui imprudente y no me arrepiento de ello, porque dicha imprudencia me llevó a estar sentada en donde estoy ahora, a escuchar las regocijantes canciones en francés que no entiendo [debería aprender francés, así por lo menos podría cantarlas] y a leer el libro que modificará la actividad de mis próximas 7 horas.

"Pero en el fondo sé que todo es falso, que estoy ya lejos de lo que acaba de ocurrirme y que como tantas otras veces, se resuelve en este inútil deseo de comprender, desatendiendo quizá el llamado o el signo oscuro de la cosa misma, el desasosiego en que me deja, la instantánea demostración de otro orden en el que irrumpen recuerdos, potencias y señales para formar una fulgurante unidad que se deshace en el mismo instante en que me arrasa y me arranca de mí mismo."

Estaba yo y mi circunstancia [o mi circunstancia y yo], y las sombras que constantemente se veían reflejadas en la pantalla de la computadora. Y estaba él y sus problemas ontológicos; estaba el comensal gordo, el restaurante Polidor, sus conflictos con Hélène y media botella de Sylvaner que terminaría por acabarse [o acabaría por terminarse] al final del relato.

No es que tuviera algo que decir, simplemente estaba ahí, a la espera de cualquier acontecimiento digno de mención. Nada ocurrió así que comencé a escribir.

Crucé media ciudad para leerlo, para escribirle. Y es que habiendo mil y tantos más lo elegí a él; yo soy tan él, deduje, al momento que imaginaba la cantidad de pensamientos que confluían a la par del mío. Son puras bagatelas, ¿pero qué es el mundo sino una masa de pensamientos inconexos, de bagatelas? Quizá simplemente quería no pensar, quizá no quería tomar esa serie de decisiones que sabía eran necesarias, que cambiarían completamente el rumbo, mi rumbo.

Sabía que había tomado una decisión errada, pero nada de eso importó porque entre las líneas de la página 54 apareció una pestaña, que poco a poco fue perdiéndose entre las costuras del libro. Antes había aparecido una nota, resulta que un tal Efrén Benjamín Belman Novelo había pasado por las mismas páginas que ahora yo saboreaba. ¿Habría sido de él la pestaña? Lo ven, ¿qué importancia tenían mis problemas cuando había una pestaña perdida?

De pronto no me importó la pestaña sino el sujeto. ¿Cuál sería su opinión sobre los cambios verbales [casi inadvertidos] del autor? ¿Pensaría [como yo] que Hélène tenía cierto parecido a la Maga? ¿Por qué había elegido ese y no alguno de los veintitantos libros que había en el estante?

"Algo que se me escapaba pero que a la vez tenía que ser profundamente mío acababa de forzarme a entrar y a pedir esa botella de Sylvaner que hubiera sido fácil pedir en otra parte, en otras luces y otras caras"

De buenas a primeras dejó de importarme él y su pestaña [o su pestaña y él], el reproductor que había parado sin que me hubiera dado cuenta, el señor que hace unos minutos había ocupado el asiento de junto, los sujetos que subían y bajaban escaleras sin menor reproche. Dejó de importarme que no acabara el libro, que hubiera dejado a mi amigo solo [no tan solo] en los pulques, o a mi amiga sola [no tan sola] en Salón Corona, y por último, que en todo el día no hubiera encontrado cómo poner guión largo en vez de corchetes. Ya era tarde, tenía que desocupar el lugar.

jueves, 5 de enero de 2012

Vigilia

Hay muchas cosas que yo no sabía antes de esa madrugada; que alguien —mientras todos dormían— trabajaba en una inspección de prueba hidrostática, que @tweemixtape tenía un podcast sobre música independiente o que las bicicletas son más eróticas de lo que uno creería —gracias Cortázar—. Tampoco advertía que Sonny anda en la vida con una muela mala, ni siquiera que @Grz356i tenía intenciones de conquistar a una tal Valeria. Y todo en unas horas que sentí como un segundo, esas horas disfrazadas de un único aleph.

Tomé demasiado té, eso es un hecho, y ahora estoy aquí, escribiendo, porque ya he molestado a todos y porque sé que el papel, que diga, el blog, es el único que no reniega. Y le puedo reclamar y se queda calladito, y lo puedo engañar y no lo nota. Solo una cosa: no hay retroalimentación. Pero eso hoy no importa; no te estoy escribiendo.

En la noche todo es más latente, tanto el frío como el recuerdo, el sentimiento y la locura:

«Elle se branlai sur la selle avec une
brusquerie de plus en plus forte. Elle
n´avait donc pas plus que moi épuisé
l´orage évoqué par sa nudité.»

Histoire de l´oeil

Tengo problemas ontológicos, lo sé, no lo puedo evitar.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Sobre el fin de año


«Lo que más nos aproxima a una persona es esa despedida,
cuando acabamos separandonos, porque el sentimiento
y el juicio no quieren ya marchar juntos; y aporreamos
con violencia el muro que la naturaleza ha alzado
entre ella y nosotros.»

NIETZSCHE

Porque no nos gustan las despedidas, aunque estemos constantemente frente a ellas. Nos embriaga la nostalgia al despedir los años, porque cada uno de ellos —en su momento— tuvo altas y bajas, eso sí, en proporciones distintas para cada uno de nosotros. Nos da congoja, pero no nos damos cuenta que, como decía Borges, siempre estamos ante despedidas constantes. Nos despedimos de los días, del conductor con el que, gracias al tráfico matutino, quedamos perfectamente alineados, de esas miradas indiscretas que atacan a cada nuevo pasajero que se integra al camión, del sujeto que nos regaló fuego para prender el cigarrillo, de la cajera que nos atendió en la tienda.

Nos despedimos y no lo notamos, sin embargo, estamos tan socialmente estructurados, que pareciera que necesitamos un inicio y un final para poder formular esas reflexiones, que bien podríamos hacer todos los días. El calendario lo marca; se acaba el año. Empezamos entonces a hacer un recuento, tachando de buenos y malos los acontecimientos más significativos; esos que, a través de los años, perdurarán únicamente en forma de recuerdo.

Hacemos la sumatoria y obtenemos un resultado positivo o negativo, con el cual deducimos cuán felices o infelices fuimos. Hacemos listas. Pedimos deseos al compás de las 12 uvas. Comemos pavo con relleno. Bebemos como si no hubiera mañana. Nos abrazamos. Y así, sin más ni más, damos paso a otro día, al día que, según nosotros y nuestros torpes ideales, dará comienzo a una nueva era. Estemos atentos, esta era puede ser la buena. No me queda más que agradecer a cada uno de los que hizo posible mi año. Conviví y aprendí mucho de ustedes. Tuvimos experiencias tan gratas que hasta mi mala memoria puede recordarlas. Gracias por alentarme a sguir con mis proyectos, pero sobre todo, gracias por su infinita amistad. Fieles seguidores y amigos, les deseo muy felices fiestas.

martes, 13 de diciembre de 2011

Cómo los grandes líderes inspiran la acción

Simon Sinek, autor del concepto "The Golden Circle"













Fuente: http://www.ted.com/

sábado, 3 de diciembre de 2011

Es sábado por la noche y tengo un ensayo que hacer

21:24

Suena esa canción de Death Cab For Cutie que en mi vida había escuchado. No lo puedo creer, la he tenido tantos meses en el reproductor. No importa, sigo con mi chai —cada vez más frío— esperando la intervención divina, para que un rayito de inspiración ilumine mi hoja en blanco de Word. No pasa nada, estoy a punto de sacar mi tinta china y empezar a hacer dos o tres garabatos; no sé, quizá pase algo.

Y es que tengo todas las ideas; sé que Chance es un Don Nadie que de la noche a la mañana se convierte en un modelo a seguir, un crítico de las finanzas norteamericanas; sé que la televisión y el jardín han sido su única educación. Lo que me da risa es que el tipo consiguió todo sin una mentira; lo que me da más risa es que a Kosinski le haya ido tan bien con una historia —para mi gusto— somera, no sé, me parece demasiado lineal. Quizá no sea de mi estilo, quizá por ello no me broten ideas para elaborar 5 cuartillas o quizá estoy fastidiada de este día.


21:35

¿Se acuerdan de ese cover que le hizo Death Cab a The Smiths con This Charming Man? No, pues que bueno porque es HORRENDO, bueno, es que ya saben, no es Morrissey. ¿¡Qué me está pasando!? ¿Cómo es posible que en este espacio pueda escribir y escribir sin que se me agoten las ideas? ¿Por qué no puedo con este ensayo? Pues sí, he de confesar que tengo esa mala costumbre de dejar todo al último y parece que esta vez será igual. He descubierto que tengo una pequeña obsesión con dos cosas: 1. la presión, 2. la perfección... y nada, el último día estoy sufriendo/gozando con los kilos de pendientes que me quedan encima. Soy un desastre.


21:42

Me rindo, hoy no es día de ensayos. Ya mañana sufriré —mucho— tomando en cuenta que hay un concierto de saxofón al cual pretendo ir y que no me perderé por nada del mundo, aunque después sienta el arrepentimiento por perder de esa forma valiosas horas de estudio. Bah, lo feliz nadie me lo quita...

... Cambio y fuera.


Por cierto, esta es muy muy buena para noches como hoy. Bonita noche.

Death Cab for Cutie - You Are A Tourist by angsayamisscat

sábado, 26 de noviembre de 2011

Sin articular

Estando en mi mood tengo-trabajo-pero- ¡ay-que flojera! encontré algunos de las viejas publicaciones de la página de Jorge Pedro; cuando aún era blog; cuando bloggear era un hit y pues qué bonito. Estoy muy consciente de este espacio, créanme, no lo olvido.

Conforme pasan los años, la vida se va haciendo más complicada. Los años que alguna vez desperdiciaste ya no vuelven, y lo peor de todo, después los empiezas a ansiar más y más. Yo por ejemplo, ansío volver a tener tiempo para escribir mucho, aunque bloggear ya no sea un hit como antes. Siempre me pasa, abro el Hongo Jacarandoso y recuerdo cómo empezó todo y me da nostalgia, nostalgia porque ya no puedo escribir como antes y pues..

¡Ay, la labor del escritor! Hace añísimos, nunca creí que terminaría estudiando justamente para escribir, y ahora que estoy en ese proceso, escribo menos que antes. Qué ironía. Quizá en algunos años regresen mis motivaciones, aquellas con las que empecé este blog, con las que decidí vivir para escribir, o en todo caso, escribir para vivir.

Platiqué con Diego la semana pasada y me dijo que le gustaba mi forma de escribir; me acordé inmediatamente de todos los comentarios que en su momento me hacían —de forma personal o escrita— todas las personas que se tomaban un tiempo para pasar por este espacio. De pronto comprendí que mi acto individual de escribir se volvía colectivo a la hora de que la otra persona, detrás de la pantallita, abría alguna de mis entradas. Qué bonito es tener un público, qué bonito es escribir para desconocidos.

Hoy descubrí un pequeño hoyo en la repisa de revistas, lo chistoso es que siempre ha estado ahí y nunca lo había visto, a pesar de pasar por él todos los días. Entonces pensé que así son las reflexiones, pequeños hoyos que descubres en momentos inesperados; mientras lees un blog, mientras escuchas una canción. Cuando pones la mirada fija por unos segundos en ellos, descubres cuán descuidada habías sido por no darte cuenta de esos detallles antes, pero no importa, ahora ya los conoces.

Por cierto, Fleet Foxes es un grupo muy pero muy bueno para encontrar hoyitos.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Cuantas ganas

-Cuantas ganas de que acabe Redacción.
-Cuantas ganas de ponerme mis pantunflas y andar con ellas por toda la escuela.
-Cuantas ganas de un Shaken Lemon Passion Tea de Starbucks.
-Cuantas ganas de faltar al trabajo.
-Cuantas ganas de bloggear más.
-Cuantas ganas de pasar por esos tacos "de muerte lenta".
-Cuantas ganas de encontrar nublado el día al salir de la clase.
-Cuantas ganas de ir por impulso a la Cineteca.
-Cuantas ganas de leer Rayuela.
-Cuantas ganas de comer helado Moyo con Ángel.
-Cuantas ganas de estar con Ángel.
-Cuantas ganas de dormir.
-Cuantas ganas de ir al Bosque de Tlalpan.
-Cuantas ganas de pasear por la Roma.
-Cuantas ganas de esa chela-mango.
-Cuantas ganas de ir al teatro-cabaret.


Cuantas ganas, cuantas ganas.

lunes, 10 de octubre de 2011

Es lunes y está lloviendo

6 razones por las cuales odio la lluvia:

1. Siempre me agarra cuando no traigo nada para cubrirme.
2. Convierte en una laguna mis flats. Siempre me agarra con flats.
3. Mis actividades tardan 3 veces más del tiempo promedio.
4. Nunca encuentro un taxi vacío.
5. Mi bad hair day se convierte en bad hair day RELOADED.
6. Mis lentes se empañan o en su dedecto se llenan de gotas diminutas que obstruyen mi mala vista. Tropiezo. Caigo en charcos.
6. Me mojo.

6 razones por las cuales amo la lluvia:

1. Me recuerda a Rayuela.
2. Caminar bajo la lluvia ayuda a disminuir mi estrés, siempre y cuando lleve conmigo un paraguas.
3. Con el tráfico los taxistas serios se vuelven taxistas platicadores.
4. Puedo escuchar canciones melancólicas sin sentir que estoy-deprimida-goei.
5. Puedo bloggear mientras el tráfico impide la llegada a mi hogar.
6. Me mojo.

Este día queda tan bien con 'Lluvia' de Andrea Balency. Bendito sea Soundcloud. Bendito sea el internet ilimitado.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Te acusarán

TE ACUSARÁN, TE ACUSARÁN, TE ACUSARÁN:

De ser el tuerto en el país de los ciegos,
De ser quien habla en el país de los mudos,
De ser el loco en el país de los cuerdos,
De andar en el país de los cansados,
De ser sabio en el país de los necios,
De ser malo en el país de los buenos,
De divertirte en el país de los serios,
De estar libre en el país de los presos,
De estar vivo en el país de los enanos,
De ser la voz que clama en el desierto,
De ser la voz que clama en el desierto .

Joaquín Sabina, Gulliver

lunes, 19 de septiembre de 2011

Hablando sobre despedidas constantes

Gritos, empujones y señoras al borde de un ataque nervios son algunas de las cosas con las que uno suele encontrarse en las mañanas citadinas, específicamente en el metrobús, específicamente en la sección de mujeres del metrobús.

Me coloqué los audífonos después de estar a punto de caer gracias al empujón de una de las tantas señoras con prisa. Ya ni me enojo, sé que es asunto de todos los días. Escuchaba la estación de siempre, Reactor 105, mientras divisaba que a unos metros, una señora se levantaba de su asiento para dejarlo libre; tuve que hacer una maniobra extraordinaria para ganarlo antes que las demás.

Alguien me había dado unos golpecitos en el hombro, de esos que te confunden, que te hacen pensar que quizá has chocado con algo, con alguien. No fue así, a mi lado una señora me pedía de favor que le pasara su maleta, advirtió que estaba algo pesada. Se la entregué, en ese instante entendí que aquél era un momento de decisiones, ¿debía seguir escuchando música? ¿debía prestarle atención a lo que con una voz queda trataba de ofrecerme? Me quité los audífonos en ese instante y levanté el rostro como sinónimo de mi interés por ella. Comenzamos a platicar.

—Es que aquí puros empujones, te pedí que me pasaras la maleta porque la señorita de enfrente se enojó porque la estaba apachurrando, pero no era yo, eran todas esas que me hacían caerle encima.— dijo, mientras acomodaba su maleta.

—La entiendo, siempre pasa lo mismo— respondí sin tener que pensarlo demasiado.

—Ya no importa, por cierto, ¿vas muy lejos? Yo voy a Parque Hundido, trabajo en el McDonald's; tengo que llegar temprano porque yo abro el estacionamiento, imagínate...

De esos momentos en los que caes en el dilema de decir la verdad o no; en estos tiempos donde la desconfianza reina y el caos existe, dar datos a desconocidos no es la mejor opción.

... —Voy a Félix Cuevas— respondí.

—¿Ahí trabajas?— me dijo, como si tuviera toda la certeza de que yo ya estaba en edad para ejercer un oficio.

—Jijijiji, no, yo estudio. [Nota mental: ¡Diantres, ya van dos veces que me preguntan lo mismo! primero un taxista y ahora ella]

La platica siguió a la par de cada estación que poco a poco íbamos abandonando. Ella me platicó que en las mañanas trabajaba en McDonald's pero que en las tardes manejaba un taxi.

—¡Qué valiente es usted para manejar el taxi a altas horas de la noche!— exclamé sorprendida.

—Pues en estas épocas se hace lo necesario, es chistoso porque yo estudié canto con Amparo Montes, quizá tú no la conozcas pero estoy segura de que tus papás sí, ella interpretaba canciones de Agustín Lara, por eso se hizo famosa. Incluso, tengo grabados dos discos—mencionó. Me lo dijo de una forma tan sincera que me faltaron motivos para interrogarla.

Yo estaba sorprendida, pero sobre todo emocionada. Si hay una cosa que disfruto de mi ciudad, es la COINCIDENCIA; estar en el lugar, a la hora y con personas tan interesantes me resulta siempre gratificante. Me saca una sonrisa conocer cada uno de los mundos que existen, entenderlos, obtener otras perspectivas. No pude evitarlo, le sonreí sin soltar ni una palabra.

—Ya viene Félix Cuevas, yo bajo en la que sigue de esa— dijo, al momento que yo sentía como nuestra conversación estaba a punto de terminar, inconclusa, por cierto. Después prosiguió: —Si en algún momento necesitas algo, estoy en la calle Amores; yo vivo en el Ajusco pero apenas me contenté con mi ex marido y por ahora me quedo dos o tres días con él mientras veo cómo me cambio para acá.

Me bajé de la estación; no le pregunté ni por sus discos ni por su nombre. Ayer me encontré una artista de boleros —desconocida para mí— en la red. Me emociona saber que podría ser ella.


"Cuando uno llega a cierta edad ejecuta muchos actos por última vez. Yo era un hombre viejo y, mirando la biblioteca, pensé: cuántos libros hay que he leído y no volveré a leer; y también la idea de que cuando uno se encuentra con una persona equivale a una despedida posible, ya que uno puede no verla más. Es decir que estamos diciéndole adiós a las personas y a las cosas continuamente, y no lo sabemos."

J.L. Borges

lunes, 29 de agosto de 2011

La crisis del querer

K dice que ya es tiempo de volver con Enrique. ¿Me serviría ir con Enrique también? No sé, al parecer el contarle mis crisis existenciales —podría llamarlas sinsentidos— a la gente siempre termina sirviendo más a ellos que a mí. Leí a Borges y ahora estoy más confundida que antes. Quiero mi Aleph. Quiero mi vida en Coyoacán. Quiero terminar el Canon en re mayor. Quiero mi chai. Quiero y no tengo, pero tengo y no quiero. ¿Entonces?

"Existe el Aleph en lo íntimo de una piedra? ¿Lo he visto cuando vi todas las cosas y lo he olvidado? Nuestra mente es pororsa para el olvido; yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la trágica erosión de los años, los rasgos de Beatriz."
JORGE LUIS BORGES

jueves, 25 de agosto de 2011

Mirada inglesa sobre el artista

«Artista es el que lanza una bomba, porque todo lo sacrifica a un supremo instante; para él es más un relámpago deslumbrador, el estruendo de una detonación perfecta, que los vulgares cuerpos de unos cuantos policías sin contorno definido. El artista niega todo gobierno, acaba con toda convención. Sólo el desorden place al poeta.»

CHESTERTON

jueves, 16 de junio de 2011

Sobre el sentido de pertenencia

Yo no sé si es porque prefiero ser un alma solitaria o porque no he encontrado a los correctos, el chiste es que yo nunca he funcionado bien con los grupos, o en todo caso, los grupos nunca han funcionado bien conmigo. Mis recuerdos se remontan a mi época primaria/secundaria..

Como buena escuela, la mía tenía su inmensa cantidad de grupitos, casi siempre eran los mismos, en menor o mayor cantidad de integrantes. Los había desmadrosos, tetos, populares y los normales; yo estaba en este último porque en realidad, no me importaba mucho codearme con los grupitos de importancia, yo tenía a mis buenos amigos y eso era suficiente. Pasé toda la primaria viendo que los chamacos hacían hasta lo imposible por encajar, algunos sin resultados; yo me preguntaba por qué nunca me había surgido esa necesidad. Nunca lo entendí.

Recuerdo que una vez tuve un grupo de tres integrantes —patético—, no pusimos 'Las Tres Mascaritas' —más patético— tampoco recuerdo la razón, solo sé que en esos tiempos de brío Gaby, Caro y yo éramos pura dinamita, uña y mugre, las befas goei. Recuerdo que para todo nos decíamos 'honey' —oso goei—. No las he vuelto a ver desde hace como 7 años, aún conservo sus dedicatorias, donde escribieron cosas como «mejores amigas por siempre» «nunca te olvidaré» Y pues ya, con suerte y algún día me las vuelva a topar, estaría chubirul.

En secundaria fueron los años de la desenvoltura, en los que me tocó formar parte de muchos y variados grupos, ni yo creería que hasta con los deportistas estuve, cuando medio me importaba la salud y me enajenaba con el basquet y con romper narices en futbol; no más, ahora si bien me va voy algunos fines de semana a medio correr al bosque de tlalpan. En esta época también tuve mi etapa con los 'ñoños'; ganábamos las ferias de ciencias y nadie nos invitaba a sus fiestas populares y así jijijí. Nunca guardé rencor, pa' qué si yo era feliz estudiando física todo el día, participando en concursos de matemáticas y soñando con algún día ser doctora. Nunca me volvieron a interesar las ciencias pero todavía mantengo comunicación con ese grupito, no como antes pero en esas andamos. Mi faceta con los populares fue muy rápida y pasajera, eran tan aburridos que daban ganas de vomitar; pintarse las uñas, leer Tú y hablar sobre los niños guapos era bastante deprimente, casi casi como estar en un video de Aqua. Terminé saliendo de cada uno de esos grupos, pude haber durado más tiempo, pero no sería la que soy ahora.

La etapa de grupos más divertida ocurrió en la preparatoria, eso será publicado después... CONTINUARÁ


miércoles, 15 de junio de 2011

I want the world to stop

«Let me feel the air again, the talk of friends,
the mind of someone my equal»


miércoles, 1 de junio de 2011

Librería Las Tres Cruces




Esta librería ubicada en Coyoacán (Tres Cruces 99) es una de las más amenas de la zona sureña del Distrito. Alberga una extensa cantidad de libros que van desde religión hasta artículos de divulgación científica; pasando por literatura clásica, diarrrrte, poesía, novela policiaca, chairoensayos, cine e incluso cómics. La parte de abajo brinda cientos de libros a $10, incluyendo ediciones que difícilmente encontrarás en otro lugar, igualmente los demás rondan en precios justos y accesibles.
Viene bien de vez en cuando pasar a echar un ojo y oler a añejo; ensuciarte las manos con los libros de menor accesibilidad, sentarte a hojear algunas páginas y burlarte de los títulos jocosos que de seguro encontrarás. Se antoja después de un café o antes de una buena caminata por el centro. No está de más vender tus libros usados también, serán bien recibidos.

Horario: Lunes a Sábado
12: 00 a 20:00

***
Foto panorámica cortesía de @i2oo

martes, 31 de mayo de 2011

Batallas en el Desierto


Siempre que camino por la Roma me pregunto si ésta hubiera sido la tortería en la que Rosales le cuenta a Carlitos que todo el mundo sabe lo sucedido con la madre de Jim, peor aún, la tortería en donde le confiesa que —spoiler— Mariana había muerto. Todo acompañado de una torta de chorizo, dos de lomo y un Sidral
Mundet. Esquina de Insurgentes y Álvaro Obregón, según José Emilio Pacheco y mi criterio, ésta debió haber sido la tortería.






miércoles, 25 de mayo de 2011

El Necio

"Será que la necedad parió conmigo,
la necedad de lo que hoy resulta necio:
la necedad de asumir al enemigo,
la necedad de vivir sin tener precio."
El necio, Silvio Rodríguez.

martes, 17 de mayo de 2011

Guía Día Internacional de los Museos

Museo de la Caricatura
Donceles, 99

Creado en 1987 con el fin de tener un espacio para preservar y difundir el galano oficio de la caricatura mexicana. Si eres chairo o se te trepa el chairo de vez en cuando, este es el lugar ideal para que te rías —y blasfemes— un poco con las parodias políticas que estos artistas tienen para ti. No dudes en ser víctima de algún caricaturista, de seguro estará ansioso por retratarte. Quizá.
Martes a domingo 10:00 a 18:00

Museo de la Charrería
Isabel la Católica, 108
esquina con José María Izazaga

Una vez escuché a un chamaco que decía que era el deporte mexicano por excelencia, lo cierto es que a pesar de ello, el oficio de charro se ha ido perdiendo a través de los años. Uno de los museos menos conocidos de la ciudad es precisamente este, el Museo de la Charrería, tanto así que muchos ni siquiera sabíamos de la existencia de la Federación Mexicana de Charrería, A.C. El museo comprende una valiosa cantidad de obras que incluyen armas, reatas, sombreros, espuelas, anqueras, monturas charras y todo lo necesario para visualizarte como todo un jinete. Villa estaría orgulloso de ti.
Lunes a viernes 10:00 a 18:00


Museo Franz Mayer
Av. Hidalgo 45 esquina
con Sta. Veracruz

Construido en el siglo XVII, es un lugar ideal para todo aquél que guste de las artes decorativas el diseño; su exposición incluye vajillas, comedores, espejos y orfebrería —entre otros tantos—. Originalmente fue el Hospital de la Epifanía, tomando posteriormente el nombre de Hospital de los Desamparados. Tiempo después fue un mercado de artesanías hasta que en 1986 obtuvo el nombre de Museo Franz Mayer. Tiene una biblioteca interesante y un jardín muy chulo.
Lunes a viernes de 10:00 a 18:00

Museo del Estanquillo
Isabel la Católica, 26 esquina
con Av. Madero

Su claro referente es sin duda el mismísimo Carlos Monsiváis que, a partir de su colección de obras, logró —con el apoyo de Slim y Obrador— crear un espacio que a pesar de ser muy reducido, tiene de todo —por eso el nombre de Estanquillo—. Aficionado por comprar en los mercados y bazares, logra en este museo representar la vida de la Ciudad de México a través de caricaturas, fotografías, grabados, postales, maquetas y un sin fin de objetos que hacen de este lugar un orgullo para el chilango. No olviden terminar su recorrido en la terraza del museo; un centro enjundioso, el ambulantaje a lo lejos y una vista de antaño en una sola toma.
Dato curioso: el edificio en donde está ubicado se llama La Esmeralda, porque albergaba una de las joyerías más lujosas del país.
Miércoles a lunes 10:00 a 18:00

MUNAL
Tacuba, 8

A través de una superficie de exhibición de 5500 m2 podemos apreciar una enorme cantidad de obras destinadas a difundir el arte mexicano e internacional. Pintura, escultura y fotografía forman parte de la exposición permanente de este edificio de estilo «historicista ecléctico». Un gran número de sus obras formaban parte de la Academia de San Carlos que finalmente fueron distribuidas en este museo. Juan Correa, Eugenio Landesio, Miguel Cabrera y una gran colección de José María Velasco hacen presencia en este espacio diarrrrte. Para los amantes de la música, los fines de semana suelen tener conciertos con interpretaciones bastante respetables y totalmente gratis; nada más no aplaudas cuando no porque los señores sabiondos te mirarán feo, y no, no me pasó a mi.
Martes a domingo 10:00 A 17:30

Museo del Policía.
Victoria 82, casi
esquinacon Revillagigedo

Nada mejor que ver un asesino serial —a mi tamaño— en cera y estar en los escenarios donde se cometieron los más viles y crueles actos delictivos. Esto y más es el Museo de la Policía Preventiva del Defe. Barba Azul, Erzsebet Bathory, Jack el Destripador, Andrei Chikatilo, Ted Bundy, Adolfo de Jesús Constanzo y Sara Aldrete te esperan a lo largo del museo. Si tienes suerte te encontrarás con la mismísima Juana Barraza "La Mataviejitas", y no, no es broma.
Lunes a domingo 10:00 a 18:00

Museo del Calzado
Bolívar, 27

¿Y dónde quedó la zapatilla de la Cenicienta? Pues claro, en el Museo del Calzado. Bolívar hizo el mayor robo de zapatos de la historia y los escondió en este singular museo que alberga dos mil piezas de calzado natural y 15 mil miniaturas de diferentes materiales. Nos presenta también la historia de la apreciada zapatilla-levanta-pompi, con todos los cambios que ha sufrido hasta la fecha. Por ahí dicen que si prestas atención encontrarás los zapatos de Pulgarcito. Diiiiiiiiiiicen.
Lunes a sábado 10:00 a 18:00